El tratamiento divino para los trastornos de ansiedad
Dr. Mario R. Pereyra
¿Qué es la ansiedad?
“¡¡Es horrible!! Siento que algo me oprime, que me
falta el aire... Es un dolor terrible, desesperante... ¡¡Qué
espantoso!!”, así intentaba describir María Elena (45 años, casada, 2
hijos adolescentes) su ataque de angustia. “Tengo la sensación de que
un hombre enorme me va a atacar con un cuchillo filoso en cualquier
momento”, confesaba Ester (27), tiesa, aterrorizada, mirando con los
ojos desorbitados, presa de una intensa excitación motriz. Continuamente
escuchamos los gritos acallados y sordos de la angustia en expresiones
tales como: “¿Qué hacer? ¿Qué creer?” “He estropeado mi vida. Jamás
obtengo éxito en nada”. “Me siento incapaz, inútil, impotente. Me
rebelo y después me desaliento”. A veces dominan los sentimientos de
inferioridad o incapacidad, la mala suerte o la fatalidad, la debilidad
o la indefensión, el pesimismo o la desesperanza. Comúnmente estas
ideas vienen acompañadas de sentimientos paralizadores, inquietud,
perplejidad, desaliento, miedo al pasado —lamentaciones, remordimientos
y culpas—, al presente —dudas e indecisión— y al futuro
—incertidumbre, aprensiones y presagios fatalistas—.
Pero, ¿qué es realmente la ansiedad? El término
proviene del latín “anxietas”, que significa, congoja o aflicción. Se
trata de un estado de malestar psicofísico caracterizado por una
sensación de inquietud, intranquilidad, inseguridad o desasosiego ante
la vivencia de una amenaza inminente de causa indefinida. Preocuparse,
sentirse nervioso o ansioso forma parte de la vida diaria. Todos nos
sentimos ansiosos de vez en cuando, sin embargo, cuando la ansiedad se
vuelve abrumadora e interfiere con nuestro desempeño diario, deja de
ser normal y se convierte en un trastorno de ansiedad, caracterizándose
por los siguientes síntomas físicos, psíquicos y de comportamiento.
Síntomas Físicos
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Síntomas Psíquicos
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Síntomas Conductuales
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En una situación específica de peligro, la ansiedad
puede causar todos los síntomas indicados en el cuadro, pero usualmente
éstos son transitorios, y desaparecen en corto tiempo. Lo grave está
dado por tres características, a saber: la intensidad, la duración y la
extensión. Lo más grave es cuando los síntomas son muy intensos, se
mantienen en el tiempo y comprometen seriamente el normal desempeño de
la persona. En el caso de los niños y los adolescentes, pueden
presentarse algunas manifestaciones de ansiedad sin un motivo definido;
en esas situaciones, es necesario investigar las causas consultando al
especialista.
¿Cuáles son los diferentes tipos de ansiedad?
Los síntomas mencionados más arriba pueden aparecer en diferentes cuadros de ansiedad. ¿Cuáles son? Según el Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales,
de la Asociación Psiquiátrica Americana, el DSM-IV, los trastornos de
la ansiedad son diversos, los más importantes son las crisis de
angustia o ataque de pánico, los miedos o fobias específicas, la
ansiedad social o fobia social o timidez y los trastornos de ansiedad
generalizada. Hay también otros tipos como el trastorno
obsesivo-compulsivo, el trastorno por estrés postraumático, el
trastorno por estrés agudo, el trastorno de ansiedad debido a
enfermedad médica, trastorno de ansiedad inducido por sustancias y
trastorno de ansiedad no especificado. Por razones de espacio sólo
presentaremos las características de los primeros citados. Para
favorecer su identificación y comprensión presentaremos un caso típico,
sintetizando los criterios para el diagnóstico de cada uno de los
cuadros, de acuerdo a los desarrollos que hemos hecho en nuestro libro “Decida ser feliz” (Gema, 2008).
- Ataque de pánico
En el lobby de un cine de Chapultepec, Rebeca
temblaba y no podía parar de llorar. Su amiga Julia la abrazaba sin
saber qué más hacer porque Rebeca no podía explicar qué le pasaba. Diez
minutos antes la había sorprendido una taquicardia muy fuerte.
— ¡Sácame del cine que me muero! —le había dicho a su amiga.
La nuca y las manos le habían empezado a transpirar
profusamente. Se ahogaba y el corazón galopaba frenéticamente en el
pecho. Trató de relajarse y respirar hondo. Tenía mucho miedo. Se
sentía como una niña de 2 años llorando desconsoladamente sin entender.
Dos días después, su psicóloga le ponía nombre a lo que le había
pasado: ataque de pánico.
La Crisis de Angustia o Ataque de Pánico |
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- Fobias específicas
“Cada vez que subía a un avión lo hacía con mucho
miedo, sentía que el avión se iba a caer y que me iba a morir —confiesa
Laura, de 45 años—. No paraba de rezar durante todo el viaje, aunque
no soy religiosa. La verdad es que no sé bien a quién le rezaba, pero
no podía dejar de hacerlo. Siempre la pasé mal al volar, pero con el
tiempo mi miedo se transformó en pánico, por lo que estuve tres años
sin viajar en avión. Entonces, decidí comenzar un tratamiento. Pese a mi
reticencia, acepté tomar una medicación cotidiana para disminuir mi
nivel de ansiedad, ya que me explicaron que mi miedo a volar era parte
de un problema más profundo. Bajo tratamiento realicé varios vuelos, y
disfruté por primera vez en mi vida”.
Laura sufría fobia a volar, también existen otros
tipos de fobias, como la zoofobia (temor a los animales), la
claustrofobia (temor al encierro), la agorafobia (miedo a los espacios
abiertos) y la hidrofobia (miedo al agua). Es posible desarrollar
fobias a las multitudes, la oscuridad, los insectos, la sangre, las
heridas y muchas cosas más.
Fobias o miedos específicos
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- Ansiedad social o timidez
Inés, de 30 años, soltera, llegó a nuestro
consultorio sufriendo intensos temores que, por momentos, la
paralizaban totalmente. Describió su estado, diciendo: “Hace meses que
no puedo realizar ninguna actividad, ya que me asusta mucho hablar con
la gente. Cuando estoy en una reunión me pongo demasiado nerviosa,
empiezo a transpirar, me tiembla todo el cuerpo, las piernas se me
aflojan, el corazón me palpita, tengo miedo a quedar en ridículo y
aparecer como una tonta… Cuando tengo que hablar en público, digo mucho
menos de lo que tenía pensado. Siempre estoy atenta a cómo me miran.
Yo sé que aunque no me lo digan, están criticándome... Le confieso
Doctor, la única forma de poder enfrentar a alguien, cuando ya no tengo
más excusas, es tomar alguna copita de whisky o tequila, para darme
seguridad… ¿Será que hay cura para esto?”
Ansiedad social o timidez
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- Ansiedad generalizada
“Después que me divorcié, hace más de un año, nunca
más fui el mismo” —dice David, 36 años—. Vivo preocupándome por todo,
la mayor parte del tiempo. Tengo un estado de tensión en todo el
cuerpo, como una electricidad que no me abandona. No puedo quedarme
quieto, tengo que estar haciendo algo; me siento un rato en la
computadora para hacer algún trabajo, y a los cinco minutos tengo que
levantarme porque no aguanto más... Luisa, mi mujer actual, me dice que
estoy irritable y muy cambiante (de ánimo)… No puedo dormir, me
levanto cansado. Me persiguen los dolores de cabeza… ¡Son terribles!
(apretando la sien y cerrando los ojos)… Doctor, necesito que me dé
algo para calmarme, por favor. No aguanto más”.
Ansiedad generalizada
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El tratamiento divino para la ansiedad
“Por lo tanto, yo les digo: No se preocupen por lo
que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que han de ponerse.
¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren
las aves que vuelan por el aire: ni siembran ni cosechan ni guardan la
cosecha en graneros; sin embargo, el Padre de ustedes que está en el
cielo les da de comer. ¡Y ustedes valen más que las aves! En todo caso,
por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida ni
siquiera una hora?¿Y por qué se preocupan ustedes por la ropa? Fíjense
cómo crecen las flores del campo: no trabajan ni hilan. Sin embargo,
les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su lujo se vestí como
una de ellas. Pues si Dios viste así la hierba, que hoy está en el
campo y mañana se quema en el horno, ¡con mayor razón los vestirá a
ustedes, gente falta de fe! Así que no se preocupen, preguntándose:
‘¿Qué vamos a comer?’ o ‘¿Qué vamos a beber?’o ‘¿Con qué vamos a
vestirnos?’ Todas estas cosas son las que preocupan a los paganos, pero
ustedes tienen un Padre celestial que ya sabe que las necesitan. Por
lo tanto, pongan toda su atención en el reino de Dios y en hacer lo que
Dios exige, y recibirán también todas estas cosas. No se preocupen por
el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día
tiene bastente con sus propios problemas.
Mateo 6:25-34
Hay tratamientos específicos para cada uno de los
trastornos de la ansiedad que expusimos más arriba, según puede verse
en “Decida ser feliz”, aquí tratamos de la “provisión divina para la
ansiedad”. En el texto de Mateo 6:25-34, Jesucristo detalló un
tratamiento destinado a combatir la ansiedad, considerando las
preocupaciones más comunes de la gente, que condensó en una suerte de
receta práctica. La terapia antiestrés del evangelio puede sintetizarse
en cinco prescripciones básicas. Podríamos decir que es la receta que
nos extiende el Señor Jesucristo para ayudarnos a controlar nuestra
ansiedad. Esas indicaciones son las siguientes:
- “No te preocupes”. Es un llamado a ser consciente de la ansiedad que nos domina, poniéndole freno. Muchas veces, llevados por la vorágine de la vida cotidiana, somos movidos por el nerviosismo, corriendo agitados de un lado para otro sin ser plenamente conscientes de la inquietud que nos tiraniza. La exhortación del evangelio es un “stop” o un “alto”, un llamado de atención para detenernos y no permitir que las preocupaciones nos avasallen y victimicen.
- Cambia el sentido de tu mirada. Observa “las aves del cielo” y “los lirios del campo”, pregona el Maestro, esto significa, deja de mirar hacia adentro y en dirección a los problemas, observa las cosas hermosas que Dios ha creado para nuestro beneficio. Cuando las preocupaciones agobian el pensamiento solo ve problemas y dificultades, perdiéndose de vista tantas cosas bellas que nos rodean, por tal motivo es imperioso modificar el foco de la atención para centrarla en lo bueno en lugar de las contrariedades y desgracias.
- Tened fe. Es el desafío de aprender a depositar los problemas en Dios luego de haber hecho todo por solucionarlo. Consiste en confiar que la Providencia divina administrará alguna solución o facilitará las cosas para salir adelante. Hay situaciones que escapan a nuestro arbitrio (como el ejemplo que menciona el evangelio acerca del crecimiento físico) no ganamos nada en obsesionarnos o desesperarnos; el mejor camino es ejercer fe.
- Define las prioridades. Ordena tu tabla de valores. Lo más importante va en primer lugar. Así lo expresa el texto bíblico: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y las demás cosas vendrán por añadidura”. Quizás le estamos dando demasiada importancia a cuestiones que son secundarias o que no merecen tanto interés o preocupación. A veces las cuestiones materiales ocupan el primer lugar de nuestra vida cuando el dinero es un medio, no un fin en sí mismo.